Resulta que el 16 de junio el Senado despachó a ley el alza del salario mínimo, que sube $14.553 y deja el ingreso básico en $553.553 mensuales. Para los 800 mil chilenos que reciben el mínimo, la cosa quedó así: antes ganabas $539.000 y ahora ganas $553.553. Catorce lucas con quinientos. Justo lo que cuesta llegar al fin de mes mirando el techo igual que antes, pero con un peso más en el bolsillo y la misma cara de resignación.
La gracia, porque siempre hay una gracia, es que el aumento rige de manera retroactiva desde el 1 de mayo. O sea, te van a pagar la diferencia de plata que ya te debían sin que tú supieras que te la debían. Es plata del pasado que llega al presente, como una sorpresa que te deben hace rato pero que igual te da gusto, porque a estas alturas uno celebra que le devuelvan lo propio como si se hubiera ganado el Kino.
El cálculo, eso sí, tuvo su epopeya. Primero iban a considerar el IPC de enero a marzo (1,4%), pero después estiraron la cuenta hasta abril y quedó en 2,7%. Un 1,3% extra que apareció de la nada, como esos pesos que uno encuentra en el bolsillo de la chaqueta de invierno. Y para que nadie se acostumbre a la calma, ya hay programada otra alza para el 1 de enero de 2027, que va a mirar la inflación de mayo a diciembre. La inflación, fiel como perro callejero, siempre llega primero a la mesa.
El ministro del Trabajo, Tomás Rau, explicó por qué la fecha importa tanto: “la fecha típicamente es antes del primero de mayo, la cual también conmemorativa, lo que implica ciertas manifestaciones del mundo del trabajo”. Traducido del chileno burocrático al chileno de micro: justo cuando uno marcha por sus derechos, le ajustan el sueldo como para que la pancarta tenga una cifra fresca que reclamar.
Así que ahí está: $553.553 para vivir un mes en un país donde el arriendo de una pieza ya se rió en tu cara. Catorce mil quinientos pesos más, que en el papel suben un peldaño y en la práctica desaparecen entre el pasaje, el pan y la cuenta de la luz antes de que alcances a saludarlos. Pero oye, es ley. Y eso, en este Chile, es casi un milagro.