Hay cosas que en Chile empiezan siendo de emergencia y terminan siendo del paisaje. El estado de excepción constitucional en la Macrozona Sur cumple el currículum completo: lleva vigente desde mayo de 2022, ya sumó tantas prórrogas que perdimos la cuenta, y esta semana el Congreso le firmó otros 30 días como quien renueva el plan de datos sin leer las condiciones.
La Cámara de Diputados aprobó la extensión con 118 votos a favor, 17 en contra y 11 abstenciones; el Senado la cerró con 39 a favor y apenas 2 en contra. O sea, lo que para los dos millones de personas que viven en La Araucanía, Arauco y Biobío es la realidad de todos los días, para el resto del país es un trámite de mayoría aplastante que pasa entre punto y punto de tabla. Excepcional, según la Constitución. Costumbre, según el calendario.
El ministro del Interior, Claudio Alvarado, salió a defender la prórroga con datos: que los hechos de violencia rural cayeron 79% desde 2021 y que la diferencia se nota cuando un territorio, en sus palabras, “vuelve paso a paso a estar bajo el control de Estado”. Lindo el paso a paso. El detalle que igual quedó anotado en el mismo expediente es que entre enero y mayo de este año los incidentes con armas de fuego subieron 37% respecto al año pasado. Todo baja un 79% y algo sube un 37% al mismo tiempo: la estadística también está viviendo su propio estado de excepción.
Porque eso es lo que termina pasando cuando una medida de emergencia cumple cuatro años: deja de ser una respuesta y pasa a ser un mueble. Uno entiende que la decisión es compleja y que nadie tiene la fórmula mágica, pero la palabra “excepción” ya está trabajando horas extra. Si algo se repite cada 30 días desde el 2022, en cualquier otro contexto eso se llama suscripción.
Mientras tanto, el que vive allá sigue conviviendo con controles, operativos y la sensación rara de que la solución y el problema llevan tanto tiempo juntos que ya no se sabe quién llegó primero. Hasta en el propio Senado pidieron “líneas de acción distintas”, que es la forma institucional de decir oye, ¿y si probamos algo que no sea volver a estirar lo mismo? Veremos. Lo más probable es que en 30 días estemos exactamente acá de nuevo, leyendo el mismo titular con otra fecha.