Estabas ahí, en la micro, con el cabro chico en brazos y el celular en la otra mano calculando si las 30 lucas alcanzan para el mes o para la quincena, cuando aparece el titular. Bono por hijo. Y tu primer instinto, formado por décadas de Chile, fue buscar el asterisco. ¿Dónde está la letra chica? ¿Qué hay que llevar? ¿A qué hora abre la oficina y cuántas veces me van a mandar de vuelta porque falta una firma? Pues bien: el proyecto que el Gobierno acaba de ingresar al Congreso con suma urgencia dice que el pago es automático y sin postulación. Por la rechucha, alguien por fin entendió que el chileno vulnerable no anda sobrado de mañanas libres para hacer cola.
Vamos a los números, que es lo único que de verdad importa cuando el bolsillo está más flaco que promesa de campaña. Son $30.000 por hijo, una sola vez, no todos los meses —ojo con eso, no te ilusiones con que llega como sueldo—. Aplica a cada hijo que tenga entre 0 y 13 años al 1 de junio de 2026, y solo para hogares del 80% más vulnerable según el Registro Social de Hogares. Se estima que llega a más de 2,3 millones de niños. O sea: medio país con coche, mochila o pañal de por medio.
La joya de la corona, la parte que hizo que más de algún papá soltara un suspiro de incredulidad en la fila del paradero, es que no hay que hacer absolutamente nada. La Subsecretaría de Evaluación Social arma sola la lista cruzando los registros que ya tiene. Nada de ir a una oficina a las seis de la mañana con el termo, nada de sacar número y esperar que te llamen justo cuando saliste al baño. Por una vez, el Estado te busca a ti en vez de hacerte perseguirlo a él. Que esto sea noticia —y no lo normal— ya dice bastante del país.
Hay más letra chica, pero de la buena. El bono es no imponible (no le pagas impuesto a nadie) y no se puede embargar, así que ni el banco ni el del crédito que te llama a la hora de almuerzo le pueden meter mano. Y si en tu casa hay varios que califican para recibirlo, tranquilo: cada hijo genera un solo bono, lo cobra quien corresponda según el orden que fija la ley —el que ya recibe Subsidio Familiar, Asignación Familiar, y así—, o el jefe de hogar si nadie más aplica. Nada de pelearse en la cocina por las 30 lucas.
Ahora, antes de que te pongas a repartir la plata en tu cabeza: esto todavía no es ley. Es un proyecto recién ingresado, en tramitación, con suma urgencia eso sí. El texto habla de pago automático desde junio de 2026 una vez que esté en vigencia, lo que significa que primero tiene que pasar por el Congreso, y todos sabemos que ahí los plazos se estiran como sopaipilla en aceite. Así que sí, anótalo, pero no compres nada todavía. En este país las 30 lucas se celebran cuando caen en la cuenta, no cuando salen en las noticias.