La Superintendencia de Pensiones anda afinando la norma de los fondos generacionales, que a partir de abril de 2027 van a reemplazar a los multifondos de toda la vida, esos del A al E que uno juraba entender y nunca entendió ni en pelea. La gracia del invento: ya no eliges fondo. El sistema te mete en uno automáticamente según tu edad, y listo, a guardar el carnet.
La lógica suena hasta razonable, que es justo lo que asusta. Si estás joven y recién empezando a chambear, te ponen más en renta variable, o sea más riesgo, porque “hay tiempo de recuperar”. Y mientras más cerca de la jubilación, más conservador te van dejando, no vaya a ser cosa que la pega de toda una vida se evapore en un mal martes de la bolsa. Una asignación por cohorte generacional: por primera vez la fecha de nacimiento sirve para algo más que el saludo automático del banco.
Para el afiliado de a pie el cambio concreto es uno y es grande: en el ahorro obligatorio se acabó la pichanga de cambiarse de fondo cuando un primo “que cacha” te tira el dato por WhatsApp. Antes podías mover la plata de un lado a otro persiguiendo la rentabilidad como quien persigue la micro que ya arrancó; ahora el sistema decide la mezcla por ti y rebalancea solo a medida que envejeces. Menos botones, sí, pero también menos volante.
Las cifras explican por qué esto no es un detalle de letra chica: las AFP manejaban $257.944 mil millones en activos a mayo de 2026, con un 45% invertido dentro de Chile. O sea, estamos hablando de cómo se mueve un platal que en el papel es de once millones de personas y que esas once millones de personas, seamos honestos, miran una vez al año cuando llega la cartola y se les aprieta la guata.
Antes de todo esto, la Superintendencia tiene que publicar el régimen de inversión antes de septiembre de 2026, y queda pendiente el detalle más fino: definir contra qué se va a medir si lo hicieron bien o lo hicieron como las pelotas. Hay debate sobre si el estándar lo fija el regulador, si se comparan las AFP entre ellas o cada una pone su propia vara, que es como dejar que el alumno se corrija solo la prueba.
Así que ya sabe: en abril de 2027 su fondo lo elige su año de nacimiento. Uno que se pasó dos décadas sin entender la diferencia entre el A y el E, y al final la solución fue que no tuviera que entender nada. Eficiencia pura, oiga.