Ponerle nombre a un parque de 55 hectáreas: listo. Construirlo casi entero, hasta el 90%, con santuario remodelado, ciclovías y canchas: listo, y eso salió $50 mil millones de plata de todos. Encontrar los $4.900 millones al año que cuesta que ese parque no se seque: ahí se cayó el sistema. Es el 10% de lo que ya se enterró en la obra, pero justo esa décima parte es la que no aparece por ningún lado.
El Minvu no lo dijo una vez. Lo ratificó en julio, lo había dicho antes y volvió a dejarlo por escrito: la mantención no la pone. Y para que quedara claro que no era mala onda sino convicción, dejó saber que acá no es que falte la voluntad, como si el pasto de San Bernardo se pudiera regar con criterio administrativo. El alcalde Christopher White alcanzó a advertir que el parque podía terminar abandonado antes de estrenarse, que es el tipo de spoiler que uno preferiría no escuchar de una obra en la que ya puso la plata.
Entonces marcharon. Más de tres mil personas subieron el 11 de julio desde San Bernardo hasta el cerro a defender un parque que todavía no abre. Y la máquina ya había reaccionado como reacciona siempre: por instrucción presidencial nació el Protocolo Chena. Con mayúscula, con nombre propio, como corresponde a toda solución chilena que consiste en no dar plata todavía pero prometer que se va a conversar.
El protocolo trae tres medidas, y la del medio es una joya de la ingeniería nacional. Primero, revisar los costos de mantención, que de un día para otro pasaron a ser ‘valores desproporcionados’. Segundo —agárrense—, revisar los costos de construcción porque las estimaciones habrían sido ‘preliminares sobredimensionadas’. O sea: recién ahora, con la obra al 90% y la primera pala enterrada hace rato, alguien se sentó a mirar la calculadora y descubrió que a lo mejor salió más caro de lo que debía. Tercero, definir el financiamiento con ‘valores realistas’, adjetivo que uno agradece pero que llega como el que apaga el horno cuando el pollo ya está negro.
La cereza es la agenda. Toda esta épica —los $50 mil millones, la negativa repetida, la instrucción del propio Presidente— desemboca en una reunión el 28 de julio. Una reunión. El país entero pendiente para que la respuesta sea juntarse a fin de mes a ver de dónde sale el 10%. El ministro Iván Poduje lo enmarcó como ‘permitir este pulmón verde, ampliamente esperado por las familias de San Bernardo’, frase preciosa que describe exactamente lo que llevan meses discutiendo si van a permitir o no.
Nada de esto es todavía plata en la cuenta del parque: es un protocolo y una fecha. Hasta que alguien firme los $4.900 millones al año, el pulmón verde más esperado del sur de Santiago sigue conteniendo la respiración, esperando que en la reunión del 28 los mismos que gastaron 50 mil millones se pongan de acuerdo en encontrar la décima parte.