Santiago llevaba media vida convencido de que el invierno era una desgracia del sur, algo que le pasaba a la gente de Temuco y Valdivia mientras uno acá miraba la cordillera nevada como postal. Bueno, se acabó la postal. El jueves 16 en la tarde-noche entra el primer frente y el sábado viene el segundo, y esta vez la Región Metropolitana no es espectadora: es protagonista, con acumulados de 75 a 100 milímetros. Cien milímetros sobre una ciudad que colapsa cuando se le tapa una sola alcantarilla en Vicuña Mackenna.
El que puso el pronóstico en modo tráiler de película fue Gianfranco Marcone, meteorólogo de T13, que los describió como potencialmente “los más importantes de lo que va de este año 2026”. Uno agradece la sinceridad, pero después uno se acuerda de que estamos en julio y que a un año recién por la mitad le queda otro medio invierno por delante para superarse a sí mismo.
Y para dimensionar la cosa: la isoterma cero baja hasta los 1.800 metros, con nieve haciendo el amague de bajar hasta cerca de San José de Maipo, que queda ahí no más para el que se acostumbró a manejar hasta el Cajón un domingo cualquiera. En la cordillera se juntan más de 100 centímetros entre los dos frentes, y en la costa entre Coquimbo y el Maule el viento sopla a 80 por hora, la clase de ráfaga que te deja el paraguas dado vuelta y de adorno.
Frente a semejante advertencia, la maquinaria oficial desplegó su arsenal de emergencia: limpiar los desagües, las canaletas y las ventanas. En serio. Anuncian los dos temporales potencialmente más grandes del año y la contramedida que le entregan a ocho millones de personas es la misma que tu abuela repetía en cada marzo desde que tienes memoria. No es mala idea —hay que hacerlo—, pero llama la atención que la respuesta del Estado a un evento histórico venga en formato de recado de casa.
Este además es el segundo round en menos de una semana. El del 6 y 7 de julio se ensañó con el sur, y todavía no termina de irse: Molina, Linares y Longaví siguen en alerta roja por riesgo de desborde de ese frente anterior, y San Clemente en amarilla por el caudal del Maule. O sea, mientras a esas comunas ni siquiera se les seca el patio del temporal pasado, ya viene el siguiente pidiendo pista. El invierno chileno funciona como cobrador: apenas cierras una cuenta, ya te está tocando el timbre por la que sigue.
Así que sí, hay que sacar la escalera y meterle mano a la canaleta antes del jueves. Pero si esto de verdad resulta ser lo más grande del año, va a ser difícil no pensar que cien milímetros de responsabilidad ciudadana no se resuelven con un cepillo de desagüe.