El subsuelo es del Estado. El litio, recurso estratégico, es de todos los chilenos. Y ahora que por fin se sacará de los salares de Aguilar, Los Infieles, Grande y La Isla, en Atacama, resulta que el país se queda con el 49% y con dos asientos de cinco en el directorio. Uno pone el salar y termina de socio minoritario en su propia casa.
La Fiscalía Nacional Económica dio luz verde a la asociación entre Enami, la estatal, y Rio Tinto Chile Tres SpA, la angloaustraliana que se lleva el 51% y opera. La aprobación fue, en palabras del propio organismo, “de manera pura y simple”: sin condiciones, sin peros, sin nada que tramitar. Después de un año en que hasta pedir hora en el consultorio tiene lista de espera, hay que reconocer que este permiso salió redondo.
El reparto de poder no deja mucho a la imaginación. Tres directores pone Rio Tinto, dos pone Enami. En cualquier junta de vecinos eso significa que cuando se vote qué se hace con la plata, los que mandan ya tienen la mayoría contada antes de levantar la mano. La empresa que representa a los dueños del recurso vota, sí, pero pierde por dos a tres las veces que importa.
El detalle que ordena todo lo demás: Enami nunca en su historia ha sacado un gramo de litio. Fue asignada al proyecto por la Estrategia Nacional del Litio, con su CEOL visado por la Contraloría, y ahora debuta en la extracción de litio como socia minoritaria de alguien que sí sabe hacerlo. Es empezar a jugar ajedrez apostando la casa y con la mitad de las piezas prestadas al rival.
Los números que se prometen son de los que marean: US$3.000 millones de inversión proyectada, aunque las mismas partes aclaran que la cifra está sujeta a estudios que todavía no se hacen. En un recurso que el mundo entero anda peleando, Chile entra al negocio de su propio litio como el que llega a su propio asado y le toca sentarse en la punta de la mesa.
Eso sí, antes de sacar cuentas alegres o rabiar de más: acá no cayó ni un peso a las arcas todavía, ni salió litio de ningún salar. Lo que hay es un permiso de competencia aprobado y una sociedad que recién empieza. Del anuncio a la salmuera procesada hay un trecho largo, y esos estudios que faltan tienen su propio ritmo.