Uber anunció una oferta para quedarse con Delivery Hero, la dueña de PedidosYa, por US$14.800 millones. Suena a que el que te trae la colación pasa a ser de Uber. Y ahí viene la parte fina: no. Uber se llevó 50 mercados que sí le interesaban, y a los otros 14 los metió en una bolsa aparte que compró una firma inversora de Nueva York llamada SSW Partners por US$1.600 millones. Chile va en esa bolsa. Junto con Ecuador, Austria, Noruega, España y Suecia.
O sea, ni siquiera fuimos la parte que alguien quería quedarse. Fuimos el combo que se vende junto para que salga la cuenta redonda.
Y lo mejor no es que nos compraran: es para qué. SSW Partners dijo de frentón que va a operar estos 14 mercados por su cuenta mientras les busca comprador definitivo a cada uno. Es decir, PedidosYa Chile no tiene dueño nuevo, tiene dueño de paso, un intermediario que te administra la casa mientras cuelga el letrero de se vende en la ventana. El comprador de verdad todavía no existe y el cierre de toda la operación recién se proyecta para el segundo semestre de 2027. Dos años como mínimo colgando de un signo de pregunta.
Los que reparten en la bici bajo la lluvia, los locales que dependen de la app para no quedarse sin ventas, y el que pide sushi un martes a las once de la noche: todos operando con una empresa cuyo dueño es una sala de espera. No sabís bajo qué reglas vas a trabajar, ni qué comisión te van a cobrar, ni si el próximo mandamás va a mantener la app o la va a fusionar con otra. Nadie sabe. El plan es literalmente que alguien más decida después.
Y si esto de repartirse el mercado latinoamericano a puertas cerradas suena conocido, es porque ya pasó: en 2019 Delivery Hero y Glovo se dividieron mercados de la región y Glovo se fue de Chile de un día para otro. La FNE no lo encontró tan gracioso y les puso una demanda pidiendo US$74 millones de multa, US$55 de ellos a Delivery Hero. La misma empresa que ahora se vende por partes. Cambió el precio, cambió el comprador, cambió hasta el idioma de la oficina matriz, pero el que pide una pizza sigue siendo el último en enterarse de quién se la trae.